En medio del debate sobre las reformas estructurales en Argentina bajo la gestión de Javier Milei, la experiencia de Perú surge como un espejo ineludible. Con una moneda que ha resistido incólume las peores tormentas y una inflación de un dígito consolidada hace décadas, el modelo económico de Perú ofrece lecciones cruciales y, al mismo tiempo, severas advertencias para la economía argentina.
En una charla a fondo Maximiliano Montenegro dialogó con Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del Banco Central de Reserva del Perú, para desentrañar cómo el país andino logró blindar su macroeconomía y cuáles son los límites de ese “milagro”.
Los “candados” constitucionales que mataron la hiperinflación
Para entender el presente peruano hay que remontarse a fines de la década de 1980. “Nosotros veníamos de un proceso de hiperinflación mucho más severo que el de Argentina, con un récord cercano al 7.000% anual que hizo inservible la moneda”, recordó Diego Macera.
A partir de 1990, bajo la presidencia de Alberto Fujimori, se inició un drástico reordenamiento con control de gasto, liberación de precios y mercados. Sin embargo, la verdadera clave de la permanencia de estas reformas reside en la Constitución de 1993.
“Muchos de los candados económicos que tenemos nosotros vienen de la propia Constitución”, explicó Macera, marcando una diferencia fundamental con las reformas puramente legislativas que impulsa Milei en Argentina. El principal de estos candados es la prohibición explícita de que el Banco Central compre deuda del tesoro (emisión primaria para financiar al gobierno). “Con eso mataste el motor de la hiperinflación”, sentenció.
El “Sol” invencible: Devaluación cero en 26 años
Uno de los momentos más destacados del debate ocurrió cuando Maxi Montenegro consultó sobre el régimen cambiario peruano, comparándolo con la rígida convertibilidad argentina de los años 90 o las flotaciones de otros países de la región.
Macera expuso un dato que ilustra el éxito del modelo económico de Perú:
“En el año 2000, el tipo de cambio era de 3,50 soles por dólar. Hoy sigue siendo de 3,50. La devaluación frente al dólar ha sido cero acumulada en 26 años”.
Mientras países tradicionalmente estables como Chile acumulan un 60% de depreciación, y otros como Colombia, México y Brasil registran pérdidas de valor de entre el 80% y el 180% frente al dólar en el mismo período, Perú ha mantenido una estabilidad absoluta.
¿Cómo lo logran? A diferencia de la rigidez de una dolarización o de bandas cambiarias explícitas, el Banco Central de Reserva del Perú aplica una flotación administrada con alta discrecionalidad. Interviene estratégicamente en el mercado spot o de derivados solo cuando detecta volatilidades temporales ajenas a la tendencia natural. Esta “espalda” financiera se construyó acumulando reservas equivalentes a entre el 25% y 29% del PIB (hoy superan los 100.000 millones de dólares totales y más de 60.000 millones en reservas netas propias), lo que contrasta drásticamente con la escasez de reservas que sufre la Argentina.
La gran paradoja: Estabilidad macro y abismo político
Hacia el cierre del encuentro, Maxi Montenegro planteó la pregunta incómoda que desvela a analistas de toda la región: ¿Por qué una economía totalmente estabilizada hace más de dos décadas padece tanta inestabilidad política? Con un historial de ocho presidentes en los últimos diez años, Perú parece vivir en un cortocircuito constante.
Macera aportó una reflexión profunda sobre este divorcio entre macroeconomía y calidad de vida:
“A pesar de la estabilidad macroeconómica, las otras partes que corresponden a la administración pública y que tienen que ver con la provisión de servicios (salud, educación, infraestructura) no han funcionado. No hemos sido capaces de encontrar un ordenamiento político con gobernanza y gente competente que pueda hacer el ‘delivery’ de esta segunda fase del gobierno”.
A esta deficiencia en los servicios básicos se suma una extrema fragmentación política. Con la única excepción de Fuerza Popular (el partido fujimorista), el sistema político peruano carece de partidos perdurables [16, 17]. “Los partidos aparecen y desaparecen para la elección”, señaló Macera, lo que deja a los presidentes que acceden al poder sumamente aislados y vulnerables a los mecanismos de remoción.
¿El mensaje para Argentina? La estabilidad monetaria y fiscal es un prerrequisito indispensable para el desarrollo, pero de ningún modo es el punto de llegada. Sin partidos políticos institucionalizados ni un Estado capaz de proveer servicios esenciales a la población, el orden macroeconómico puede convivir de forma crónica con el descontento social y el abismo político
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