Economía

¿Dolarización o sorpresa para 2027?: Las advertencias de Martín Redrado sobre la reforma del BCRA

La discusión sobre el futuro sistema monetario y financiero de la Argentina toma un nuevo ritmo. En una reveladora entrevista por Maximiliano Montenegro, el economista y expresidente del Banco Central, Martín Redrado, respondio sobre los puntos neurálgicos del proyecto de reforma de la Carta Orgánica de la entidad. Con el crédito por el piso, la mora en ascenso y la tensión cambiaria en el horizonte hacia el 2027, Redrado propone un camino alternativo para despolitizar y profesionalizar el BCRA.

El laberinto del crédito y el freno al consumo

El análisis comenzó abordando una de las grandes paradojas de la actual macroeconomía argentina: la estabilidad cambiaria y la baja del riesgo país conviven con una sequía total de financiamiento para la economía real.

Martín Genero, analista financiero de Clave Bursátil, introdujo el problema con una pregunta clave sobre la enorme brecha existente en el sistema financiero:

“Hoy estamos con este problema del spread tan grande que hay entre la tasa activa y pasiva que hace que las mejoras macro en lo monetario (la estabilidad del tipo de cambio, el riesgo país que llegó a 401 puntos hace un mes) no se trasladen finalmente al crédito al consumo. Esto sucede porque hay una brecha gigante entre tasa activa y pasiva por la mora. El gobierno parece tener una postura dogmática de ‘bueno, que se arreglen entre privados’, pero está causando un efecto complicado en la macroeconomía. ¿Vos creés que el gobierno debería salir de la ortodoxia y hacer alguna cuestión específica?”

Frente a este interrogante, Martín Redrado fue tajante: “La respuesta es sí, claramente el Banco Central tiene un rol para jugar”. El ex titular de la entidad detalló una propuesta diseñada desde su fundación para abordar el flagelo de la mora sin comprometer las arcas del Estado.

“Lo que proponemos se basa en primero no usar dineros de fondos públicos; no usar ni dinero del Banco Central, ni redescuentos, ni dinero del Tesoro”.

La propuesta consiste en brindar un marco normativo a través de la Superintendencia de Bancos que otorgue plazos y tasas viables para la refinanciación de deudas entre acreedores y deudores. Durante este proceso, se plantea que los deudores se mantengan en “situación 1” (situación normal). De este modo, se evita que los usuarios sufran ejecuciones inmediatas en sus tarjetas de crédito y que los bancos se vean obligados a computar pérdidas por deudas aún no normalizadas.

Redrado recordó que el origen de esta altísima mora no es responsabilidad de los privados, sino de las decisiones de política monetaria previas:

“Ni deudores ni acreedores son culpables de que la tasa de interés haya ido en el segundo semestre del año al 120%”.

Esta suba drástica de tasas ocurrió por no haber acumulado reservas con previsión en un período típicamente tenso como el preelectoral, debiendo recurrir a la tasa de interés y finalmente a préstamos externos para contener la corrida.

Encajes altos y el fenómeno del “Crowding In”

Otro de los grandes ejes de discordia fue la situación de los encajes bancarios (la porción de los depósitos que los bancos deben mantener inmovilizada como garantía). Maximiliano Montenegro introdujo el tema citando declaraciones oficiales: “Santiago Bausili dijo que la Argentina tiene encajes bajos… ¿esto es así?”.

Redrado discrepó abiertamente con el actual presidente del Banco Central:

“Cuando uno toma el agregado, no son encajes bajos. Argentina tiene encajes altos comparados con el resto de la región”.

Como ejemplo, señaló que en países como Perú la tasa de encaje es la mitad de la argentina. Para solucionar esto de raíz, Redrado propuso una medida drástica para la nueva carta orgánica: prohibir por ley que los encajes se constituyan con títulos públicos.

“Los encajes se tratan de darle seguridad al ahorrista de que está el efectivo cuando va a buscar el depósito… no espera que le den un título público”.

Al eliminar los títulos públicos como opción para constituir encajes, el Banco Central podría bajar los requisitos de encaje de forma segura. Esto liberaría fondos frescos directamente hacia el sector privado, logrando lo que en economía se conoce como “crowding in” (atracción del crédito privado) en lugar del nocivo “crowding out” (donde el sector público desplaza y absorbe todo el financiamiento disponible).

Superar el “Síndrome Redrado” y despolitizar la Carta Orgánica

Uno de los aportes más novedosos de Redrado para la reforma del BCRA apunta a la calidad institucional y a terminar con las designaciones de directores “en comisión”, una práctica que debilita la independencia de la entidad.

El economista rememoró de forma personal cómo su histórica resistencia ante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2010 marcó un precedente que aún afecta la institucionalidad de la entidad:

“Quedó, después de mi enfrentamiento con Cristina Fernández de Kirchner, el ‘Síndrome Redrado’: ningún presidente quiso —salvo el presidente Macri con Sturzenegger— nombrar un presidente del Banco Central que pase por acuerdo del Senado, no vaya a ser que después vaya a pedir que sea el Senado el que lo remueva”.

Para romper con este círculo vicioso, Redrado propone eliminar el artículo 9 de la Carta Orgánica, impidiendo las designaciones en comisión [9]. Plantea un esquema institucional de alta calidad, similar al de la Reserva Federal de los Estados Unidos, donde las audiencias públicas en el Senado se realizan antes de que el funcionario tome posesión del cargo.

Una propuesta de gobernabilidad federal y compartida:

Para blindar al Banco Central de los vaivenes políticos, Redrado propone:

  1. Directorio más chico y profesional: Reducir el directorio de 10 a 6 integrantes .
  2. Representación de la oposición: Que 4 directores sean propuestos por el oficialismo y 2 por la oposición. Todos deben ser economistas profesionales con una visión federal que representen la realidad del interior del país.
  3. Mandatos desacoplados: Directores con mandatos de 6 años, renovables por tercios cada 2 años, totalmente separados del período presidencial.
  4. Aplicación a futuro: Redrado insiste en que esta nueva ley debe comenzar a regir recién con el próximo gobierno. Esto despersonaliza la reforma y evita cualquier sospecha de que se busca “blindar” o favorecer a los funcionarios que actualmente ocupan los cargos.

El debate por el artículo 14: Repos y la búsqueda de “blindaje legal”

Durante la charla, Maximiliano Montenegro puso la lupa sobre un punto controversial del proyecto de reforma: la introducción de cláusulas que facilitarían la toma de préstamos garantizados o contratos de recompra (repos) de cara a un 2027 complejo en materia de vencimientos de deuda.

Montenegro le preguntó directamente si la inclusión de este articulado responde a una necesidad de dar mayor seguridad jurídica al directorio actual para emitir deuda y tomar fondos frescos utilizando las reservas como garantía.

Redrado coincidió en que esta es la hipótesis más probable, aunque cuestionó la necesidad técnica de incluirlo por ley:

“No se necesita un artículo 14 para eso. Cualquier banco central hace operaciones de repo… en función de la liquidez que necesita el sistema financiero o el mercado cambiario”.

Para Redrado, la urgencia de plasmar esto explícitamente en la ley denota que “los funcionarios actuales sienten que necesitan una ley” para actuar con tranquilidad legal. Recordó una máxima fundamental de la función pública:

“Es muy importante no solo cómo se entra a la función pública, sino cómo se sale… de no salir con una cantidad de juicios”.

Montenegro acotó un dato clave del programa financiero del Gobierno para ilustrar la presión que recaerá sobre la entidad el año entrante: el Tesoro tiene proyectado comprarle 5.000 millones de dólares al Banco Central. Si el BCRA consigue financiamiento externo mediante repos a plazos mayores a un año, podrá maquillar el nivel de reservas brutas altas en el balance. Sin embargo, Montenegro advirtió que “todos los analistas le vamos a estar haciendo el descuento de que no son dólares propios, con lo cual eso no termina eliminando la tensión cambiaria”. Redrado coincidió con este diagnóstico, asegurando que si bien la Argentina logrará evitar el default, la verdadera incógnita será si el Banco Central contará con la cantidad de dólares genuinos para domar la tensión cambiaria.

¿Financiamiento indirecto? La compra de bonos en el mercado secundario

Hacia el final del encuentro, Montenegro trajo a colación otra crítica que proviene de sectores ortodoxos al propio gobierno libertario: la Carta Orgánica reformada permitiría al BCRA comprar títulos públicos en el mercado secundario emitiendo pesos de forma ilimitada, abriendo una vía de financiamiento indirecto al Tesoro.

Redrado desdramatizó esta facultad, explicando que es una herramienta convencional de los bancos centrales a nivel global para inyectar liquidez y asegurar que los mercados no se congelen en momentos de pánico financiero (como lo hizo la Reserva Federal en 2008). Sin embargo, marcó una línea roja ética e institucional muy clara:

“La clave de cómo los bancos centrales funcionan en el mundo es que pueden comprar títulos en el mercado secundario, nunca en el mercado primario… Tiene que hacerlo con un criterio de brindar liquidez al sistema para que el mercado funcione, no con un criterio de financiar al sector público”.

 


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