La economía argentina transita un sendero de extrema delicadeza donde se debate la lógica del modelo para los próximos años. En MMD, Maxi Montenegro desmenuzó con crudeza el laberinto económico de la gestión de Javier Milei y el complejo dilema de tres variables que no logran marchar en sintonía: bajar la inflación, recuperar la actividad y acumular reservas en el Banco Central. Desde la redacción de Plan M repasamos este análisis.
El origen del trilema y la brecha con el Presupuesto
Desde el inicio de la gestión, el gobierno se planteó tres objetivos simultáneos. Sin embargo, en la práctica, conseguir los tres juntos ha demostrado ser una misión imposible. Las proyecciones originales del presupuesto oficial distan significativamente de la realidad actual:
- Inflación: El gobierno estimaba una inflación anual del 10%. Hoy las proyecciones indican que terminará en torno al 30%, una cifra tres veces más alta.
- PBI: Se proyectaba un crecimiento de la economía del 5%. Actualmente, se estima que rondará entre el 2,5% y el 3% (la mitad de lo esperado), siempre y cuando se concrete una recuperación en el segundo semestre tras la caída reflejada en el EMAE durante el segundo trimestre.
- Reservas: El esquema apuntaba a una fuerte acumulación (hasta USD 17.000 millones). Si bien el BCRA lleva comprados unos USD 13.500 millones, en agosto el ritmo de compras se redujo drásticamente a unos USD 30 millones diarios, lo que enciende alarmas en el mercado.
Ante la imposibilidad de cumplir con todo, la gestión de Milei optó claramente por dar prioridad absoluta a la desinflación y a las reservas, postergando y sacrificando el nivel de actividad.
El ancla cambiaria y la asfixia de la clase media
Para sostener el proceso de desinflación, el Banco Central se ha apoyado fuertemente en el ancla del crawling peg (el deslizamiento administrado del dólar mayorista). Esto generó una fuerte disparidad de precios entre enero y julio:
- Bienes por debajo de la inflación: La indumentaria y el calzado subieron solo un 5%, las bebidas un 11% y el equipamiento del hogar un 14%, sirviendo de anclas nominales frente a un IPC general que acumuló un 19,3% en el mismo período.
- Servicios por las nubes: En contraste, la quita de subsidios y la inercia empujaron con fuerza a los servicios regulados y privados. La vivienda, la electricidad y el gas treparon un 28% (con incrementos del gas de hasta el 40%), la educación subió un 26% y el rubro recreación un 21,6%.
Esta asimetría está impactando de lleno en las familias. Como gran parte del presupuesto del hogar se destina a cubrir tarifas fijas y servicios, el ingreso disponible se encuentra en mínimos históricos. Esto explica el desplome del consumo masivo y el consecuente incremento de la morosidad.
Las pymes en proceso terminal y el “amortiguador” del empleo informal
El sector productivo no la tiene más fácil. El ancla cambiaria, combinada con la apertura comercial, destruyó la rentabilidad de las empresas de bienes transables (textiles, metalmecánicas, automotrices).
A la caída de sus márgenes de ganancia se le suma el aumento exponencial de los costos fijos. Montenegro ilustró este drama con el caso de una pyme textil cuya factura de luz pasó de 23 millones de pesos a 30 millones de pesos en agosto. Al no poder trasladar estos incrementos a los precios por el derrumbe de las ventas, muchas empresas enfrentan un escenario terminal, lo que se traduce en una evidente pérdida de empleo formal. Hoy en día, el empleo informal (Uber, Rappi, changas o monotributo) funciona simplemente como un “amortiguador social”, pero que no resuelve la cuestión de fondo.
La mirada financiera: Tasas, dólar y carry trade
El economista Martín Género aportó su análisis sobre el comportamiento de los mercados y las tasas de interés en la mesa de MMD por Ahora Play. Señaló que durante los primeros cuatro meses del año, los inversores gozaron de un extraordinario rendimiento del 25% directo en dólares gracias al carry trade, con un dólar mayorista que tocó un piso de $1350 el 10 de abril.
Sin embargo, posteriormente el tipo de cambio mayorista experimentó una suba rápida del 10% en un mes y medio, al tiempo que las tasas locales se comprimieron y pasaron a ser negativas. Esto eliminó el incentivo del carry e impulsó la dolarización de carteras.
Género destacó la importancia de gestionar activamente el precio del dólar para evitar saltos bruscos: “La volatilidad importa. Para los argentinos, que el dólar suba 50 pesos en un solo día genera susto; es preferible administrarlo para que suba 10 pesos por día a lo largo de dos semanas”.
¿La hora de recalibrar?
El mer
do y la calle comienzan a exigirle al gobierno un alivio en el nivel de actividad económica. Muchos analistas sugieren que es momento de relajar la política monetaria, emitir pesos para comprar divisas y convalidar un tipo de cambio real más alto, incluso si eso implica postergar la obsesión por lograr una inflación cercana a cero en el cortísimo plazo.
La gran incógnita que se plantea es si Javier Milei, conocido por su dogmatismo respecto al plan una vez diseñado, aceptará la presión interna y externa para recalibrar el rumbo antes de que el descontento social impacte en el escenario electoral del próximo año.
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