El frente fiscal sigue siendo el principal activo del programa económico, pero ya no luce tan sólido como algunos meses atrás. Aunque el Gobierno cerró el primer semestre con un superávit primario equivalente al 0,6% del PBI y un resultado financiero levemente positivo (0,1% del PBI), junio dejó la primera señal de desgaste: las cuentas públicas registraron déficit mensual. Parte del deterioro respondió a factores transitorios, como el pago del medio aguinaldo y el corrimiento de los vencimientos del Impuesto a las Ganancias hacia julio. Sin embargo, también comienza a percibirse una desaceleración en los ingresos que obliga a sostener el equilibrio con un mayor ajuste del gasto. La pregunta es si el ancla fiscal se comienza a “aflojar”.
Durante casi dos años, el equilibrio fiscal fue el principal activo del programa económico de Javier Milei. Primero permitió frenar la emisión monetaria para financiar al Tesoro, luego se convirtió en uno de los pilares de la desinflación. Y, más recientemente, pasó a ser una de las principales señales de credibilidad frente al FMI y los mercados. Por eso el dato de junio llamó la atención.
Después de cinco meses consecutivos de superávit, en junio el Sector Público Nacional registró un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero superior al billón de pesos. Desde el equipo económico explicaron que buena parte del deterioro respondió a factores transitorios.Por un lado, junio concentró el pago del medio aguinaldo para jubilados y pensionados, elevando el gasto previsional. Por otro, el vencimiento del Impuesto a las Ganancias para personas humanas fue trasladado a julio, reduciendo los ingresos tributarios del mes. Si esa explicación se confirma, julio debería mostrar una mejora automática del resultado fiscal.
El balance del semestre sigue siendo favorable. Entre enero y junio, el Gobierno acumuló un superávit primario equivalente a 0,6% del PBI y un superávit financiero de 0,1% del PBI. El ancla fiscal, por ahora, sigue en pie.
Sin embargo, el dato de junio deja una señal que va más allá de la estacionalidad. Cada vez cuesta más conseguir el superávit. El verdadero desafío no parece ser el déficit de un mes, sino la tendencia que muestran las cuentas públicas desde comienzos de 2026.
Durante buena parte de 2025, el equilibrio fiscal se sostuvo porque el gasto público se ajustaba a un ritmo mucho mayor que la caída de los ingresos.
Esa dinámica comenzó a modificarse en 2026. En el primer trimestre, el Gobierno logró mantener cierto equilibrio: en enero los ingresos y el gasto retrocedieron 1,2% y 0,7% real, respectivamente; en febrero ambos cayeron cerca del 9% (-8,9% y -8,8%); y en marzo el ajuste fue prácticamente idéntico (-5,8% en ambos casos). Sin embargo, a partir de abril la brecha comenzó a ampliarse. Mientras los ingresos siguieron cayendo en términos reales (-2,1% en abril, -4,1% en mayo y -8,5% en junio), el gasto dejó de acompañar ese ajuste (+1,6%, -2,2% y +3,1%, respectivamente).
Como resultado, en el acumulado del primer semestre los ingresos totales (en promedio) retrocedieron 5,1% en términos reales, mientras que el gasto público sólo se redujo 2,1%. Si esta dinámica se mantiene, el margen para sostener el superávit fiscal tenderá a achicarse y alcanzar la meta de superávit primario de 1,4% del PBI comprometida con el FMI será cada vez más exigente.
Cuentas Fiscales en junio
En junio el ajuste fiscal fue más fuerte sobre las “trasferencias a provincias”, que cayeron 42,8% interanual (en términos nominales) y 63,9% en términos reales. Cabe destacar, que las trasferencias a provincias cayeron un 40% en términos reales – en promedio- el primer semestre de 2026.
Por otra parte, la partida de salarios tuvo unas caída de 10% interanual en termino reales. En tanto, los gastos de capital (“obra pública”) cayeron un 28,8% en junio.
Contrariamente, en medio de una disparada de los precios internacionales de la energía, por el conflicto en medio oriente, se dispararon los subsidios a la energía un 125% interanual en términos reales. En tanto, los subsidios al transporte saltaron un 53% real en términos interanuales.
Incumplimiento de la meta fiscal con el FMI
El cierre de junio dejó además una señal que pasó casi inadvertida. El superávit primario acumulado en el segundo trimestre alcanzó los $6,3 billones, por debajo de la meta de $6,9 billones comprometida con el FMI. El desvío es acotado y difícilmente genere tensiones con el organismo, ya que buena parte de la diferencia responde al corrimiento de la recaudación del Impuesto a las Ganancias hacia julio. Sin embargo, el dato marca un punto de atención: por primera vez el Gobierno no logró cumplir una de las metas fiscales acordadas y evidencia que el margen para sostener el sobrecumplimiento de los objetivos comienza a estrecharse.
De cara a 2027, con una economía creciendo a un ritmo más moderado y un año electoral por delante, preservar el ancla fiscal demandará un esfuerzo cada vez mayo ¿Se podrá ajustar más sobre lo ajustado en un año electoral?



