
De la crisis familiar al liderazgo de una Pyme federal
La historia de Celeste Valenti al frente de la empresa láctea Cremigal estuvo signada por un desafío temprano e inesperado. “Quiero hablar un poquito de tu experiencia como empresaria porque vos sos muy joven, pero eras todavía mucho más joven cuando te tuviste que hacer cargo de una empresa láctea en Argentina allá por el año 2005”, introdujo Maxi Montenegro al recordar los inicios de la dirigente industrial.
A los 22 años y mientras estudiaba Administración de Empresas en Buenos Aires, el repentino fallecimiento de su padre la enfrentó a la conducción del negocio familiar. “Fue un golpe muy duro… mi papá era el único que manejaba la empresa y en esa época no había internet; tenía todo en la cabeza”, recordó Valenti. Con el respaldo de los empleados y junto a su hermano Nacho que entonces tenía 18 años, asumieron el mando de la firma.
En aquel momento, la planta contaba con 60 trabajadores y operaba exclusivamente para el mercado interno. Hoy, la realidad de la empresa refleja un crecimiento sostenido:
- Ubicación estratégica: Planta radicada en General Galarza (Entre Ríos).
- Equipo de trabajo: Alrededor de 200 empleados directos.
- Materia prima: Recepción diaria de más de 600.000 litros de leche provenientes de más de 100 tamberos entrerrianos.
- Logística: 20 líneas de camiones recolectando leche los 7 días de la semana sin interrupción.
“Los empleados me enseñaron a mí el negocio y la empresa. Sin ellos no hubiese podido aprender ni sostener la firma”, reflexionó Celeste Valenti.
La estrategia de diversificación y la apertura de mercados externos

El salto cualitativo de la firma se consolidó con la finalización de su propia planta de leche en polvo, proyecto que demandó cinco años de ejecución prudente para evitar endeudamientos financieros riesgosos. La primera exportación tuvo como destino Arabia Saudita y posteriormente Brasil.
Al analizar la evolución macroeconómica de los últimos años, Montenegro destacó el momento en que se produjo esa expansión: “Enganchaste una coyuntura también de la Argentina buena a partir de 2005… donde las commodities volaban”. Sobre este punto, Valenti explicó que la alta demanda internacional llevó a las grandes empresas a volcarse al exterior, dejando espacio para que Pymes regionales crecieran en el mercado nacional.
Actualmente, bajo la marca propia Cremigal, la empresa abastece a todas las provincias argentinas con yogures, quesos, leche larga vida y dulce de leche, además de mantener envíos al exterior.
Mercado interno y exportación: “No hay plata, pero el sector se defiende exportando”
El tramo más sustantivo de la charla abordó la coyuntura económica actual y la dinámica de las ventas masivas. Montenegro señaló la fragilidad del poder adquisitivo local: “Los registros de consumo muestran una merma… caemos en la misma: no hay plata, no hay ingreso disponible”.
Frente a este escenario, Celeste Valenti sintetizó el comportamiento de la industria con una definición tajante: “Cae el consumo, pero exportamos más”. La empresaria detalló cómo las ventas al exterior funcionan como un amortiguador del mercado interno:
- Desempeño exportador: La empresa duplicó sus volúmenes de exportación en relación con el año anterior e incorporó la venta de quesos a Brasil, sumados a la leche en polvo.
- Heterogeneidad industrial: Valenti advirtió que las Pymes volcadas únicamente al mercado interno o mono-productoras (como las fábricas exclusivamente queseras) sufren severamente la caída del consumo doméstico. En cambio, las empresas diversificadas logran compensar la menor demanda local con envíos internacionales.
“En el sector de alimentos y bebidas se siente la crisis, pero la situación es heterogénea. Las industrias que exportamos nos vamos defendiendo y paliamos la caída del consumo interno”, afirmó la titular de Cremigal.
Previsibilidad, financiamiento y diálogo público-privado
Hacia el cierre del encuentro, Montenegro consultó sobre la capacidad de proyección de la industria a mediano plazo. La empresaria hizo hincapié en que desarrollar un proyecto industrial —como la construcción de una nueva planta— requiere un horizonte mínimo de dos años de estabilidad.
“Necesitamos más diálogo público-privado y entre los partidos políticos para tener estabilidad”, enfatizó Valenti, señalando además la falta de crédito accesible: “Hoy el financiamiento es cero; todo se hace con capital propio”.
A pesar de los imponderables económicos, la empresaria concluyó con una mirada optimista sobre el rol de la industria en la economía argentina: “El industrial tiene que ser optimista para que le vaya bien. Necesitamos reglas claras para seguir invirtiendo, creciendo y generando empleo”.
📺 Encontrá más detalles de la entrevista en nuestro canal: