La discusión cotidiana de la coyuntura argentina suele quedar atrapada entre el crawling peg, la baja de la inflación y la brecha cambiaria. Sin embargo, para entender hacia dónde va el país es imprescindible levantar la mirada hacia las variables de fondo. José María Fanelli dialogó con Maximiliano Montenegro para desarmar los nudos estructurales del régimen macroeconómico, los límites del ajuste y el verdadero dilema del desarrollo nacional.
La paradoja de las divisas: ¿qué estamos haciendo con los dólares del Agro y Vaca Muerta?
El intercambio inició con el balance de pagos y la novedad del alivio en la restricción externa tras cuatro décadas de condicionamientos. Ante la consulta de Maximiliano Montenegro sobre el régimen macroeconómico actual, Fanelli propuso analizar la hoja de balance distinguiendo entre flujos y stocks.
En términos de stocks, precisó que los argentinos acumulan 516.000 millones de dólares en el exterior y activos financieros, de los cuales unos 280.000 millones de dólares corresponden estrictamente al “chiquitaje del colchón”, una cifra en constante crecimiento.
Respecto a los flujos, Fanelli expuso una cuenta determinante: en lo que va del año, la suma de las compras netas de divisas (unos 16.000 millones de dólares) más el giro de dividendos de multinacionales al exterior (entre 3.300 y 3.800 millones de dólares) totaliza alrededor de 20.000 millones de dólares, lo que equivale a la totalidad del superávit comercial generado por el campo y Vaca Muerta.
Para explicar el mal uso de los recursos naturales, Fanelli apeló a la regla de Hartwick:
“Si le tengo que explicar a mis nietos qué estamos haciendo con la plata, les digo: Dios nos trajo Vaca Muerta, cobre y litio en medio de la transición energética. Pero el Teorema de Hartwick dice que los recursos no renovables solo te permiten gastar los intereses o dividendos de la riqueza que generaste con ellos; el capital debe reponerse en infraestructura y capital humano”.
El economista alertó que, en vez de financiar proyectos productivos, las divisas extraordinarias se destinan a gastos corrientes con tarjeta de crédito en el exterior o al atesoramiento a tasas reales negativas:
“Estoy juntando la plata de Vaca Muerta y la pongo al -3% internacional, que es lo que te da la inflación afuera; en ningún caso eso genera crecimiento”.
“Si no hablamos de cómo estamos invirtiendo la plata, no sirve”
Fue en este tramo donde Fanelli dejó una de las reflexiones más contundentes del encuentro, al constatar que la inversión extranjera directa es negativa y que las utilidades corporativas emigran en lugar de reinvertirse, sentenció:
“Ya sé que la gente después se enoja por las cosas que uno dice, pero yo creo que tenemos una gran oportunidad y si no hablamos de cómo estamos invirtiendo la plata no sirve”.
El economista contrastó la dinámica del debate actual: mientras que en el ámbito académico las críticas a un trabajo de investigación se reciben con gratitud para enriquecer el análisis, en la arena pública cualquier disidencia suele catalogarse como conspiración o mala fe. Para Fanelli, la urgencia de discutir la inversión física y productiva trasciende cualquier alineamiento partidario: “Tenemos que mirar que tenemos una oportunidad y que no la deberíamos desaprovechar en honor de nuestros hijos”.
El plan de Milei bajo la lupa: ortodoxia, “segundo mejor” y falta de inversión
Durante la entrevista, Montenegro profundizó sobre la marcha del programa de estabilización: “Milei llega en diciembre de 2023 y aplica un programa ortodoxo tradicional con ajuste fiscal y monetario, sinceramiento de tarifas, sin fijar tipo de cambio ni acuerdos de precios, con un crawling peg al 2%. ¿Cómo evaluás esa etapa y dónde estamos parados hoy?”.
Frente al interrogante, Fanelli apeló a la teoría económica para evitar simplificaciones dogmáticas:
“Cuando tenés 214 distorsiones al mismo tiempo, rige el teorema generalizado del segundo mejor de Rodrik, Hausmann y Velasco: levantar una distorsión que es mala no necesariamente te deja mejor, te puede dejar peor”, analizó.
En esa línea, reconoció los aciertos iniciales del gobierno: “¿Bajaron la inflación? Sí. ¿Tienen la hoja del Banco Central un poco mejor que antes? Sí. ¿Tuvieron superávit fiscal sin endeudarse mucho? Sí”. Sin embargo, remarcó los costos inmediatos de la receta: “¿Esto es gratis? No. Si no invertís en caminos, los camiones que llevan la arena de Entre Ríos a Vaca Muerta van a tener problemas. No hay que exagerar cuán ortodoxo o heterodoxo podés ser cuando estás en el medio de la guerra”.
Montenegro planteó además un punto crítico del plan: la expectativa oficial de que, tras las elecciones, el riesgo país se desplomaría y los argentinos desarmarían sus dólares del colchón para remonetizar la economía, algo que finalmente no sucedió con la fuerza esperada.
Fanelli fue categórico sobre la desconfianza de los mercados: tras décadas de incumplimientos, los inversores exigen que el país sea “impoluto” y cobran cualquier error multiplicado por tres. Para el economista, el ancla definitiva no es un número fiscal aislado, sino la construcción de consensos duraderos: “A la Argentina le aprieta el zapato en los acuerdos básicos. Para tener inversión necesitás credibilidad, y para tener credibilidad necesitás institucionalidad”.
La cuenta regresiva del bono demográfico y el drama de la productividad
Montenegro le pidió al especialista profundizar en una alerta que viene señalando en el ámbito académico: “Contá qué es el bono demográfico para la gente que no lo conoce y por qué impacta en el mediano plazo en la economía”.
Fanelli detalló que la Argentina atraviesa una transición demográfica crítica: la tasa de fertilidad se desplomó de más de 2,1 hijos por mujer fértil a apenas 1,3, acelerando el envejecimiento poblacional. Actualmente, el país se ubica en la fase de “sociedad madura”, donde se maximiza la proporción de población en edad de trabajar en relación con niños y adultos mayores.
“Tenés una oportunidad histórica que dura hasta alrededor de 2035. ¿Qué tenés que hacer en esta etapa? Meterle todo el capital humano a esos pibes y darles trabajos de alta calidad, porque después van a tener que mantener a los jubilados. Y nosotros estamos empleando cada vez peor”, alertó.
Aunque el desempleo abierto se mantiene bajo, Fanelli subrayó que la composición del mercado laboral sufre un deterioro alarmante: la informalidad se expande y estos trabajadores perciben menos de un tercio del ingreso de un trabajador formal.
“Hicimos todo mal, pero dejamos la democracia”: la cadena hacia la inversión
En esa linea, Fanelli expuso una de las reflexiones más conmovedoras y personales de la conversación:
“En Vaca Muerta tenés inversión y tecnología, pero en el Conurbano les dijimos que cambiamos de modelo de desarrollo y que la sustitución de importaciones se terminó. Salgo de mi casa y cada vez que veo a un pibe de 20 años pedaleando en Rappi me quiero matar como economista; me siento un fracasado. Muchas veces, cuando le doy clase a los chicos, pienso: ¿qué les digo? Porque hicimos todo mal mi generación. Bueno, les dejamos la democracia. Eso es verdad, porque cuando yo era chiquito no había democracia”.
Lejos de quedar en una simple catarsis testimonial, Fanelli articuló de inmediato el valor de ese legado con el funcionamiento de la economía real:
“La democracia es la forma de construir lo que necesitamos, que es inversión. Y para tener inversión necesitás credibilidad, y para tener credibilidad necesitás institucionalidad”.
📺 Encontrá más detalles de la entrevista en nuestro canal:
