El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central encendió las alarmas macroeconómicas: las principales consultoras proyectan una nueva contracción de la actividad y recortaron con fuerza las metas de crecimiento para el año. En la mesa de (Ahora Play | Plan M), Maxi Montenegro y Juan Pablo Marino desmenuzaron el impacto de un freno que ya golpea de lleno al consumo y al empleo urbano.
El sendero económico previsto para este año sufrió una corrección abrupta que alteró por completo el tablero corporativo e institucional. Lejos de las metas oficiales planteadas inicialmente en el Presupuesto, que hablaban de una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 5% y una inflación anual del 10%, el consenso de los analistas privados protagonizó un “ajustazo de pronósticos” que refleja una economía trabada.
El fantasma de la recesión técnica y el dato clave de la mesa

Durante el debate en la mesa de Plan M, Maxi Montenegro puso la lupa sobre el indicador central que arrojó el informe de expectativas del Banco Central: el pronóstico para el tercer trimestre marca una contracción del 1% desestacionalizada respecto al segundo trimestre.
Dado que el segundo trimestre ya había registrado una baja de 0,6% en el PBI (y un retroceso de 0,9% en indicadores industriales), la confirmación de dos trimestres consecutivos en terreno negativo configura formalmente una recesión técnica.
Al cruzar estos datos, Juan Pablo Marino remarcó lo drástico que resultó este viraje en apenas treinta días: en el relevamiento de agosto, los analistas esperaban un crecimiento del 1,1% para el tercer trimestre, previsión que en el informe de septiembre se hundió directamente a una caída de 1%. Marino subrayó además que, si bien la proyección del tipo de cambio oficial hacia fin de año se moderó en torno a los $1.600, los consultores ajustaron al alza en $100 el dólar proyectado a doce meses, ubicándolo en la zona de $1.900 a $1.945 en la antesala electoral de septiembre. Esto implica un salto cercano al 28% que supera levemente la inflación esperada para ese mismo período (21-22%), mientras las tasas de interés convalidan una tendencia alcista hacia techos del 25%.
Montenegro aclaró que, aunque el cuarto trimestre podría revertir el número gracias al ingreso estacional de una cosecha de trigo que se perfila muy positiva, la tendencia de fondo muestra un estancamiento general que se arrastra desde mediados del año pasado.
Expectativas en picada: de la ilusión del 3% al 1,2% real

El ajuste en las planillas del REM refleja un cambio de ciclo que se aceleró en los últimos meses. Hasta junio, las consultoras estimaban que la economía podía sostener una expansión en torno al 3% anual. Sin embargo, la persistencia de una política monetaria contractiva y el ancla cambiaria terminaron enfriando las proyecciones mes a mes:
- Junio: 3,0% de crecimiento estimado.
- Julio: 2,7%.
- Agosto: 2,1%.
- Septiembre: 1,5% de promedio general.
Incluso, dentro del Top 10 de las consultoras que más aciertan históricamente, el cálculo es todavía más austero: proyectan apenas un 1,2% de expansión para el conjunto del año, al tiempo que sitúan la inflación anual cerrando en la zona del 30%.

Una economía a dos velocidades: sectores que vuelan frente al desplome urbano
La principal conclusión de Montenegro radica en la profunda fractura de la estructura productiva argentina. La cifra promedio de crecimiento esconde una brecha insalvable: mientras sectores primarios y extractivos como el petróleo, el gas en Vaca Muerta, la minería y el agro exhiben récords de volumen e inversiones, los rubros que concentran más del 40% del empleo en los grandes centros urbanos se encuentran sumergidos.
A partir de un relevamiento elaborado por el economista Amílcar Collante, en el programa se enumeraron indicadores contundentes de este retroceso:
- Mercado automotor: Las ventas acumulan una caída del 15% en el año, perforando el piso estimado de 600.000 unidades anuales para situarse cerca de 500.000, con un volumen mensual que pasó de 57.000 autos el año pasado a unas 40.000 unidades en la actualidad.
- Bienes durables y electrodomésticos: De 21 rubros medidos por el INDEC que crecían interanualmente a mediados del año pasado, hoy los 21 muestran caídas. Se destacan derrumbes interanuales en heladeras (-15%), cocinas (-11%), lavarropas (-8%), celulares (-19%) y computadoras (-44%).
- Construcción e hipotecas: El mercado inmobiliario frenó en seco la reactivación inicial del crédito hipotecario, mientras la obra nueva permanece paralizada.
- Recaudación tributaria: Los tributos atados directamente al consumo interno y la actividad —como el IVA y el impuesto al cheque— acumulan 11 meses consecutivos de retroceso en términos reales.
La incógnita del “supongamos” y la credibilidad pública
Frente a un shock externo comercial positivo como pocas veces se vio —con exportaciones proyectadas por encima de los 100.000 millones de dólares y un superávit comercial superior a los 25.000 millones—, el desempeño de la economía interna resulta decepcionante.
Para el próximo año, las consultoras vuelven a proyectar un escenario optimista con una inflación en baja hacia el 20% y un crecimiento del 2,5%. No obstante, Montenegro comparó estas proyecciones con el clásico chiste del náufrago: “Supongamos un abrelatas”. Para que ese rebote ocurra, los analistas deben suponer que el Gobierno mantendrá bajo control la brecha cambiaria, que contará con financiamiento externo y que la dolarización de carteras no desestabilizará el programa.
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