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¿Se puede hacer algo con la economía? Tres grandes preguntas macroeconómicas

A partir de la sorpresiva visita del economista Alberto Ades a la reunión de gabinete, Maxi Montenegro repasó en su editorial de Ahora 23 por LN+ las incógnitas centrales que atraviesan al programa de Javier Milei y Luis Caputo. Entre la recesión de sectores clave y el ancla cambiaria, el debate sobre si es posible calibrar el rumbo hacia 2027 sin descuidar la inflación.

Maxi Montenegro analiza en LN+ el debate macroeconómico sobre el plan de Javier Milei y Luis Caputo.

La escena política y económica dejó un hecho singular en la Casa Rosada: el presidente Javier Milei invitó al gabinete nacional a Alberto Ades, ex economista de Goldman Sachs y habitual hombre de consulta en Wall Street. Ades, radicado en Nueva York, llegó a Buenos Aires a presentar su libro. Si bien respalda las reformas generales impulsadas por el Gobierno, no esquivó señalamientos críticos sobre los sectores productivos que continúan rezagados.

A partir de esa visita, Ades publicó un mensaje en redes planteando una discusión de fondo: ¿se puede hacer algo con la política económica actual para imprimir mayor velocidad, alentar el consumo y movilizar sectores como la industria o la construcción? Como subrayó Maxi Montenegro en su editorial, esta inquietud sintetiza las tres preguntas macroeconómicas centrales que hoy debate el grueso de los economistas profesionales.

Los tres interrogantes macroeconómicos que interpelan al Gobierno

El planteo abre el juego sobre aspectos sensibles de la hoja de ruta oficial. Para Montenegro, las tres preguntas sintetizan las tensiones del esquema vigente:

  1. Política monetaria: ¿Hay espacio para aflojar el torniquete?

La primera consulta apunta a si existe margen para aplicar una política monetaria menos restrictiva. A lo largo de los últimos meses, el Palacio de Hacienda y el Banco Central priorizaron secar la plaza de pesos bajo el temor constante de que un excedente de circulante alimente la inflación y despierte una dolarización más agresiva de las carteras. Sin embargo, la contracara de esa severidad es la falta de liquidez y crédito para empujar el nivel de actividad.

  1. El misterio de los dólares del colchón

El segundo desafío reside en cómo hacer para que los más de 300.000 millones de dólares que están fuera del sistema financiero ingresen al circuito formal. Hasta la fecha, el equipo oficial no ha encontrado una fórmula contundente para convencer a los ahorristas de volcar esas divisas a la economía real, ya sea dinamizando la compra de automóviles, la inversión productiva o la construcción.

  1. Tipo de cambio real y reservas: El dilema tabú

Montenegro destacó la tercera duda como la más relevante y sensible para los funcionarios: ¿ayudaría un tipo de cambio real más alto?

Este interrogante toca directamente el corazón de la estrategia oficial. Implica discutir si el Banco Central debería priorizar la compra acelerada de reservas internacionales en lugar de sostener a rajatabla un tipo de cambio bajo como ancla nominal para desinflacionar. Un esquema cambiario más desahogado podría dar alivio a la industria nacional que compite con productos importados —hoy en un escenario delicado de actividad y empleo— y recomponer ramas como el turismo o la construcción.

Un cambio de tono: debate técnico sin descalificaciones

Más allá de los aspectos técnicos, Montenegro valoró el contexto político en el que surgen estas preguntas. A diferencia de lo ocurrido con otros economistas de perfil ortodoxo o liberal como Domingo Cavallo, Carlos Melconian o Carlos Rodríguez, quienes al presentar propuestas alternativas sufrieron agravios y hostigamiento en redes sociales alineadas con el oficialismo, la intervención de Ades fue recibida sin agresiones por los funcionarios.

Esto adquiere relevancia porque los economistas que plantean alternativas no proponen recetas vinculadas al gasto público indiscriminado o reediciones del “Plan Platita” atribuidas al kirchnerismo. Al contrario: coinciden plenamente con el diagnóstico oficial de que cualquier expansión fiscal sin sustento derivaría de inmediato en más devaluación y mayor inflación. La discusión pasa por saber si existen herramientas viables dentro de los propios márgenes macroeconómicos que diseñó el presidente.

La encrucijada hacia 2027: ¿Esperar o calibrar?

El trasfondo político-económico plantea una disyuntiva de cara a los próximos turnos electorales. Sectores clave como la industria, el comercio y la construcción sufren un marcado estancamiento, con consecuencias directas sobre el empleo registrado privado y el poder adquisitivo del salario real.

Frente a este escenario, Montenegro planteó las dos opciones que enfrenta la Casa Rosada rumbo a 2027:

  • Mantener la inercia del plan: Confiar en que los frutos de la estabilidad cambiaria y la desinflación alcancen para convalidar el rumbo en las urnas, aun si conviven con baja venta de autos, freno en la construcción y consumo deprimido, postergando la reactivación robusta para 2028.
  • Activar medidas dentro del modelo: Escuchar a especialistas que, como Martín Redrado, sostienen que sí es posible aplicar medidas correctivas de crédito y estímulo sin poner en jaque el equilibrio fiscal ni desatar una escalada inflacionaria.

¿Alcanza con la baja de la inflación y la calma cambiaria para reactivar los sectores rezagados o el Gobierno deberá flexibilizar sus dogmas para no llegar a 2027 con la economía atada con alfileres? Ese es el verdadero dilema que acaba de instalarse en el corazón del debate económico.