El escenario económico y político de la Argentina atraviesa un cruce de narrativas donde los discursos oficiales contrastan fuertemente con la percepción cotidiana del bolsillo. En una reciente intervención durante la reunión de fin de año de la Sociedad Rural, el ministro de Economía, Luis Caputo, buscó explicar las razones detrás de la persistente volatilidad financiera y el elevado riesgo país. Según la visión del titular de Hacienda, las tensiones de mercado no responden a fallas en el diseño del esquema oficial ni únicamente a shocks externos más fuertes de lo previsto, sino fundamentalmente al “Riesgo Kuka”: la desconfianza de algunos actores financieros ante la posibilidad de un eventual regreso del espacio opositor.
Caputo argumentó con vehemencia que la sociedad argentina no cometerá el error de retornar a la gestión anterior, a la que definió como “el peor gobierno de la historia desde el regreso de la democracia”. Recordó las restricciones operativas de hace apenas tres años, cuando regían cupos para comprar productos básicos en los supermercados, la inflación diaria alcanzaba el 1,5%, proliferaban los piquetes y la gente debía viajar a otros países para cambiar las cubiertas de sus autos. Bajo este diagnóstico, el ministro aseveró que la definición electoral de los ciudadanos irá “mucho más allá de si la economía crece al 1%, 2%, 3% o 4%”, apostando a que la memoria del colapso previo garantizará el acompañamiento en las urnas.
El diagnóstico de Caputo
La postura expuesta por el Palacio de Hacienda asume que la elección de 2027 se estructurará sobre la confrontación entre dos modelos antagónicos y no sobre la evolución inmediata del poder adquisitivo. Caputo enfatizó que mantiene una absoluta tranquilidad respecto a la respuesta electoral del pueblo argentino, sosteniendo que existe una sobreestimación por parte de analistas y economistas sobre el peso que tendrá el ritmo de crecimiento en la decisión final de los votantes.
Asimismo, respecto de las dudas sobre los apoyos internacionales, Caputo descartó cualquier inquietud señalando las garantías expresadas por la diplomacia estadounidense de que la relación bilateral no sufrirá alteraciones. Para el equipo económico, la clave del éxito del programa reside en sostener el rumbo fiscal y esperar que la ciudadanía valore la normalización institucional y la lucha contra la inseguridad y la corrupción por encima de las dificultades económicas de la coyuntura.
La advertencia de Maxi Montenegro: los riesgos del espejismo político
Frente a la argumentación oficial, Maxi Montenegro analizó las implicancias de un razonamiento que ubica al ministro de Economía opinando más como un politólogo que como un gestor técnico de variables macroeconómicas. Montenegro advirtió sobre el peligro estratégico de construir un plan apalancado exclusivamente en la mala imagen del gobierno previo. La historia política demuestra que la sociedad no otorga cheques en blanco ni tolera indefinidamente el deterioro social basándose únicamente en el rechazo al pasado.
Para ilustrar este riesgo, Montenegro recordó lo ocurrido en agosto de 2019 con Mauricio Macri, quien tras un resultado adverso en las PASO reaccionó responsabilizando al electorado por el resultado. En las democracias contemporáneas, los gobiernos no pueden exigir paciencia indefinida basándose en metas lejanas. Puso el ejemplo de lo que ocurre incluso en Estados Unidos —donde se encadenan siete elecciones consecutivas con triunfos de la oposición debido al desgaste en períodos breves de dos años—, los votantes exigen respuestas a sus necesidades cotidianas.
Radiografía social de Aresco: los datos reales del bolsillo
La fragilidad de la hipótesis de Caputo queda al descubierto al contrastarla con la última encuesta de la consultora Aresco, dirigida por Federico Aurelio, uno de los estudios de opinión pública que el propio presidente Javier Milei consulta con mayor frecuencia. Aunque el estudio refleja un acompañamiento a la gestión del 37,5% y una valoración favorable de la figura presidencial del 41%, la estructura profunda de la opinión pública presenta señales de severo alerta para el oficialismo.
El desglose de los datos expone un núcleo duro de acompañamiento del 25%, pero revela la existencia de un 16% de votantes blandos —provistos en su mayoría del espacio de Juntos por el Cambio que Patricia Bullrich busca contener— que condicionan explícitamente su apoyo: afirman que solo mantendrán su respaldo al gobierno si perciben una mejora real en su situación económica personal.
Las cifras de percepción económica recopiladas por Aresco son abrumadoras:
- Evaluación de la economía nacional: El 68% de los encuestados la califica de forma negativa, frente a solo un 30% que la evalúa positivamente.
- Evaluación de la economía personal: El 61,5% la considera negativa, mientras que un 35% sostiene una visión favorable.
- Expectativas económicas nacionales: El 57% mantiene expectativas desfavorables de cara al futuro.
El indicador más crítico del informe de Aresco responde a la medición sobre la capacidad de consumo en el hogar: un 69% de los encuestados (casi 7 de cada 10) afirmó que en los últimos meses le costó mucho más o algo más llegar a fin de mes en comparación con años anteriores, frente a apenas un 26% que sintió un menor costo.
El dilema macroeconómico: Milei debe “ganar antes de ganar”
Esta marcada distancia entre la tolerancia política y la realidad del costo de vida plantea un dilema estratégico decisivo para el Gobierno. Como concluye Maxi Montenegro, si una parte de la sociedad aún sostiene la gestión de Javier Milei, no es por la percepción del estado económico actual, sino por la falta de una opción opositora consolidada y la expectativa de cambio. No obstante, si la economía no ofrece alivio tangible y el bolsillo continúa apretado, las encuestas inevitablemente mostrarán un deterioro progresivo cercano al calendario electoral de 2027.
Aquí se sintetiza la paradoja central: el Gobierno necesita “ganar antes de ganar”. En la dinámica financiera argentina, si las encuestas de opinión previas a las elecciones muestran a un oficialismo debilitado, los mercados reaccionarán de forma anticipada: el riesgo país volverá a tensionarse, se acelerará la dolarización de carteras y las tasas de interés se elevarán. Este sacudón financiero terminaría por dañar aún más la economía real antes de que los ciudadanos ingresen al cuarto oscuro.
El desafío para el Gabinete económico es categórico: no alcanzará con atribuir la incertidumbre al “Riesgo Kuka” ni con confiar en la memoria del pasado. Sin soluciones de fondo para el 69% que lucha a diario para llegar a fin de mes, la estabilidad macroeconómica correrá el riesgo de quedar atrapada en su propio laberinto político.
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