¿Ya sobran los dólares en Argentina?

Maximiliano Montenegro. Periodista y Economista

El dólar oficial mayorista cayó 5,5% desde inicios de año (aún con la suba de ayer, cotiza a 1.375 pesos) y está  18% abajo del techo de la banda, en 1.682 pesos. El Banco Central compra en promedio más de U$S 150 millones diarios, y ya suma U$S 6.000 millones en el año. Mientras las cuentas la balanza comercial no dejan de sorprender: en el primer trimestre, el superávit de bienes alcanzó U$S 5.500 millones, cinco veces más que el superávit comercial de igual período del año pasado. Incluso, hay quienes proyectan para este año un superávit comercial de bienes superior a los U$S 15.000 millones, y un récord de exportaciones cercano a los U$ 100.000 millones.

En Argentina, ¿ya sobran los dólares? El Gobierno podría verse tentado a fantasear con que la “enfermedad holandesa”, que los funcionarios imaginan para 2030 –cuando se multipliquen las exportaciones de Vaca muerta, minería y agro– está anticipándose. Convendría no hacerse falsas ilusiones. 

La “abundancia de dólares” transitoria responde a tres causas principales:

  • Precios internacionales y cosecha excepcional. Los precios de las materias primas de exportación (agro, minería y energía) se ubican hoy un 23% arriba del promedio de 2025. La cosecha de este año, a su vez, marcaria un récord de 144 millones de toneladas, con picos en maiz, y soja y trigo.  El economista Amílcar Collante estima que con este combo de precios y volumen, las exportaciones totales podrían ser este año unos U$S 11.700 millones más que en 2025, rondando los 99.000 millones totales: U$S 4.700 millones más del complejo oleaginoso-cerealero; U$S 4.120 millones millones extra de petróleo y petroquímica; y U$S 4.000 millones adicionales de la minería (oro y plata). 
  • Menor demanda de dólares de los importadoresEn el primer trimestre, las importaciones cayeron 7,3%. En volumen, se contrajeron 12,1% en enero, 14,9% en febrero y 3,7% en marzo. Este ajuste en las importaciones va en línea con economía más débil en el arranque de 2026. Pero también con un efecto de sobre stock de compras de los importadores el año pasado, durante la campaña electoral, por temor a una diparada del dólar. El parate de actividad golpeó a industriales nacionales e importadores por igual.
  • El tercer factor es la depreciación del dólar y la apreciación generalizada de las monedas de la región. Desde principio de año el dólar cayó 9% en Brasil, 4% en Colombia y casi 2% en Chile. 

El titular del Banco Central, Santiago Bausili, dijo en Washington que iban a seguir con el proceso de acumulación de reservas y se entusiasmó con que la “estacionalidad de oferta de dólares” en Argentina, concentrada en el segundo trimestre, por la liquidación de la cosecha gruesa, podría ser sustituida por una oferta más balanceada a lo largo del año dado el crecimiento de las exportaciones de petróleo y minería. 

Más allá del relato, la experiencia indica que el Gobierno debería aprovechar la bonanza de divisas y la pax cambiaria, apuntalada por factores transitorios (menos importaciones, viento externo a favor y oferta récord del agro) para acelerar aún más la acumulación de reservas, monetizar la economía y reactivar el crédito. Pero sobre todo, evitar tentarse de utilizar, durante el segundo trimestre, el ancla del tipo de cambio para forzar la desinflación, como en 2025.  

Los datos de la economía real encienden luces de alerta sobre que este nivel de actividad y empleo sea consistente con el equilibro social y electoral. Según las últimas cifras del SIPA, entre mayo 2025 y enero 2026, se perdieron 105.135  puestos de trabajo asalaridos privados registrados (206.262 menos desde noviembre 202 – Ver datos caída del empleo –). El EMAE (Estimador de Actividad Económica) se desaceleró fuerte en los últimos meses, pero en febrero se ubicaba por encima de noviembre de 2023 y en un máximo de la serie histórica. Sin embargo, la construcción se encontraba 14,3% abajo del promedio enero/noviembre 2023; la industria, 9,2%, y el comercio, 4,6%. Esos sectores representan casi el 45% del empleo privado registrado en Argentina. Por el contrario,  el agro está 44% arriba; intermediación financiera, el 18%; y minería, 17,7%. En conjunto, esos sectores representan apenas el 9% del empleo privado formal. 

Ricardo Arriazu insistió ayer con que la Argentina va a un modelo de excedente de dólares, con el dólar más bajo de los últimos 50 años, impulsado por las divisas de Vaca Muerta. Pero alertó sobre el riesgo social y político que puede significar el conurbano, porque los sectores que crecen y generan dólares son los que menos empleo crean. También volvió a advertir por la apertura acelerada de la economía, porque “la destrucción es más rápida que la creación”.  

¿Que la industria esté en el mínimo de capacidad instalada utilizada de la última década es consecuencia de la apertura comercial y la reconversión productiva? ¿O un problema “macro” de un plan de estabilización que todavía no terminó de estabilizar, con las prometidas bajas de impuestos en el freezer y el cambio permanente de precios relativos? La misma pregunta podría hacerse para la construcción privada; y la obra pública nacional en el piso de 2002 por tercer año consecutivo. O podría extenderse al comercio, que se recuperó en la segunda mitad de 2024, pero empezó a languidecer desde mediados del año pasado, junto con la caída del empleo, los salarios reales y el crédito. 

Según la última encuesta nacional de Aresco, que suele mirarse en despachos oficiales,  el 75% de los consultados declara que le cuesta más llegar a fin de mes que en meses anteriores. El 67% dice que se endeudó en los últimos meses para cubrir gastos corrientes. “El salto es pronunciado porque en noviembre era el 50%”, dice el informe. 

Tras el Mundial, habrá que ver si, como dice Bausili, se diluyó la estacionalidad en la oferta de dólares comerciales. La gran apuesta oficial continúa siendo la caída del riesgo país y la salida de los dólares del colchón de los argentinos. En el Banco Central anticipan que en marzo la compra de dólares para atesorar continuó en niveles “muy módicos”, por debajo de los U$S 1.000 millones, descontadas las compras para pagar gastos con tarjetas en el exterior.

Para evitar sorpresas, nada mejor que hacer los deberes durante el segundo trimestre.