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Economía de Milei: ¿cambiar o seguir en piloto automático?

La actividad, el empleo, los salarios y el crédito muestran señales de agotamiento. Economistas que apoyaron la estabilización discuten si Milei debe cambiar el régimen monetario y cambiario o mantener el rumbo hasta 2027.

Desde hace 12 meses, la economía real comenzó a mostrar señales de agotamiento. La actividad dejó de crecer al ritmo esperado, el empleo privado registrado cae, el salario real registrado perdió poder de compra y el crédito se desaceleró como consecuencia del aumento de la morosidad y del elevado costo financiero.  De cara a la elección de 2027, la pregunta es qué margen tiene el Gobierno para tomar medidas para reactivar la actividad sin abandonar los pilares del programa de Milei y Caputo.

 

Por primera vez desde que comenzó la estabilización, economistas que apoyaron buena parte del programa empiezan a plantear otra discusión: ya no cómo estabilizar, sino cómo volver a crecer. No todos proponen lo mismo, pero casi todos coinciden en que el plan necesita una “segunda etapa”, “un reset” o al menos medidas para apuntalar la transición hacia una estabilización con crecimiento.

 

Los que proponen un cambio en el régimen monetario y cambiario

En este grupo se ubican economistas como Domingo Cavallo y Carlos Rodríguez, quienes plantean que hay que eliminar por completo los controles cambiarios, permitir la libre movilidad de capitales y avanzar hacia un esquema en el que el peso y el dólar compitan libremente.

La idea no pasa por reemplazar una moneda por otra, sino por permitir que ambas convivan sin restricciones, favoreciendo la remonetización de la economía tanto en pesos como en dólares y profundizando el sistema financiero.

El argumento es que un cambio de régimen de estas características reduciría significativamente el riesgo soberano, abarataría el costo del financiamiento para el sector privado y facilitaría el regreso del crédito de largo plazo. Además, las tasas de interés activas en pesos tendrían un techo, derivado de la competencia con el financiamiento externo.

Con un menor riesgo país, el Tesoro también recuperaría acceso al mercado para refinanciar los vencimientos de deuda que enfrentará hasta las elecciones de 2027. En ese escenario, la consolidación del programa financiero reforzaría la desinflación y permitiría al Banco Central continuar acumulando reservas.

Sin embargo, entre el diagnóstico y la decisión política hay una distancia importante. A esta altura del programa, luce difícil que el equipo económico avance hacia una apertura total del mercado cambiario. Una liberalización prematura podría generar volatilidad sobre el tipo de cambio, afectar las expectativas de inflación y poner en riesgo el principal activo que hoy exhibe el Gobierno, el proceso de desinflación.

Dólar más alto

Lucas Llach (ex vicepresidente del BCRA) pone el acento sobre otro problema: la competitividad. Advierte que un tipo de cambio real más alto permitiría recuperar rentabilidad en los sectores productores de bienes y mejorar la capacidad exportadora sin modificar el rumbo general del programa.

Llach considera que el tipo de cambio está apreciado en términos reales y vincula ese nivel del dólar con la debilidad de la actividad. Es decir, introduce el argumento de que parte del problema real no se resuelve solamente con desregulación y equilibrio fiscal, sino que hay un problema de precios relativos/cambiario. Lo ejemplifica con la evolución del sector de la construcción que en el primer semestre de 2026 está 13,8% debajo del primer semestre de 2023. Un sector que debería tener una mejor performance, si lo comparamos con otros procesos de estabilización que tuvo argentina (especialmente en la convertibilidad).

En el mismo sentido se había expresado Joaquín Cottani (ex viceministro de Economía) advirtiendo que la economía opera con un fuerte nivel de ociosidad (actualmente la capacidad instalada está en 58,4%) y “no tenes pleno empleo” (se destruyeron 235.000 puestos de trabajo asalariados privados en la gestión Milei). La falta de dinamismo productivo la vinculó con el “uso del dólar como ancla” en el proceso de desinflación.

 

Más dinamismo en los “sectores perdedores”

Miguel Ángel Broda introduce una mirada política, además de económica. Su advertencia es sencilla: si la recuperación continúa concentrada en las variables financieras y en sectores como agro, energía y minería, mientras comercio, industria y construcción siguen sin reaccionar, el oficialismo podría llegar con dificultades al proceso electoral de 2027. En definitiva, la estabilidad es una condición necesaria, pero probablemente no suficiente.

 

Remonetización: el gran ausente

Carlos Melconian y Pablo Goldín ponen el foco en otro problema: en la Argentina siguen faltando pesos y crédito. La economía continúa funcionando con niveles de monetización muy bajos y, sin una recuperación sostenida de la cantidad de dinero, será difícil que el crédito, el consumo y la inversión vuelvan a empujar la actividad. Y ahí aparece una de las paradojas de 2026.

A fines de diciembre pasado, el BCRA anunció que durante este año compraría como mínimo US$10.000 millones de reservas. La estrategia tenía una doble ventaja: fortalecer el balance del Banco Central y, al mismo tiempo, inyectar los pesos necesarios para comenzar a remonetizar una economía que todavía funciona con muy poco dinero. La primera parte ocurrió. La segunda, no.

En los primeros siete meses del año, el BCRA compró más de U$S  13.000 millones. Emitió unos $17,7 billones para comprar dólares en el mercado. El problema es que esos pesos prácticamente no quedaron en la economía. Por otra ventanilla, el Tesoro absorbió $9,9 billones al comprarle dólares al propio Banco Central y retiró otros $9 billones mediante licitaciones de deuda en pesos con un roll-over superior al 100%.

En otras palabras, mientras el BCRA abrió una canilla para emitir pesos y comprar dólares, el Tesoro puso a funcionar una “aspiradora” de pesos, para volver a sacarlos de circulación.

El resultado fue exactamente el contrario al que se esperaba a comienzos de año. Lejos de avanzar hacia una remonetización, los principales agregados monetarios crecieron por debajo de la inflación y volvieron a caer en términos reales, como muestran los siguientes gráficos.

 

Adicionalmente, se mantiene un nivel de encajes bancarios que están por encima de los niveles de junio de 2025 (antes del “apretón monetario”).

Incluso desde el Fondo Monetario Internacional comenzaron a aparecer señales en esa dirección. Kristalina Georgieva remarcó recientemente la importancia de las PyMEs como principal generador de empleo privado y sostuvo que la recuperación también debe llegar a la economía real, un mensaje que muchos interpretaron como un llamado a complementar la estabilización con medidas orientadas al crecimiento.

¿Qué podría hacer el equipo económico?

Medidas para reactivar la economía

El Gobierno todavía tiene herramientas para intentar apuntalar la actividad sin abandonar los pilares del programa:

  1. Bajar encajes bancarios. Desarmar gradualmente parte del endurecimiento monetario de 2025 para liberar liquidez, bajar tasas y recuperar el crédito.
  2. Remonetizar la economía. Permitir que una mayor parte de los pesos emitidos por las compras de dólares del BCRA quede en circulación. Una alternativa sería que el Tesoro reduzca el roll-over por debajo del 100%.
  3. Negociar mayor margen fiscal con el FMI. Mantener el superávit (menor al 1,4% del PBI en 2026), pero evitar un “ajuste sobre el ajuste” en las partidas del gasto público. Ese espacio podría destinarse a infraestructura o a facilitar financiamiento para obras provinciales.
  4. Aprovechar una baja del petróleo Si el Brent se mantiene en niveles bajos ( debajo de 84 dólares por barril), trasladar parte de esa caída a los combustibles permitiría reducir costos y contribuir a la desinflación.
  5. Bajar impuestos sobre servicios públicos. Reducir IVA y, mediante un acuerdo con provincias, impuestos locales incluidos en las facturas de servicios públicos. Tendría un doble efecto: menor IPC y mayor ingreso disponible de los hogares.
  6. La alternativa más heterodoxa: volver a “pisar” regulados. Si la inflación vuelve a acelerarse de cara a 2027, postergar aumentos de tarifas u otros precios regulados. Puede bajar el IPC en el corto plazo, pero acumula ajustes pendientes hacia adelante (la prioridad electoral es mayor al ajuste que resta de precios relativos).Principio del formularioFinal del formulario

¿Cambiar o seguir en piloto automático?

El Gobierno todavía tiene margen para reaccionar. Puede bajar encajes, permitir una mayor remonetización, negociar algo de espacio fiscal, recuperar infraestructura o aliviar impuestos sobre las tarifas. El problema es que todas esas alternativas tienen algún costo: más pesos pueden presionar sobre el dólar e inflación, un mayor margen fiscal debilita una de las principales anclas del programa (afectando la credibilidad) y volver a pisar regulados puede mejorar la inflación de corto plazo a costa de acumular desequilibrios hacia adelante.

Ahí aparece el dilema de cara a 2027. Hasta ahora, Milei y Caputo priorizaron la estabilización aun a costa de enfriar la economía. La pregunta es si pueden seguir en “piloto automático” esperando que la estabilidad termine derramando sobre la actividad o si llegó el momento de hacer ajustes al programa para que la economía real vuelva a crecer.