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“Techo” al dólar en $ 1.500: el motivo y cuánto puede durar

El Gobierno busca mantener el dólar cerca de $1.500 para reforzar la desinflación. Cómo funciona el nuevo techo cambiario, cuánto puede durar y cuáles son sus riesgos.

La inflación vuelve a condicionar las decisiones del equipo económico. Después de un primer semestre en el que la desinflación avanzó más lento de lo esperado, el Gobierno decidió reforzar el ancla cambiaria con una nueva apuesta: ponerle un “techo al dólar” entorno a  $1500 para acelerar la baja de la inflación. La lógica es contener el precio de los bienes y llevar el IPC un escalón más abajo. Pero sostener ese techo tiene costos y riesgos: exige intervención, puede aumentar la volatilidad de las tasas de interés y trasladar la presión nuevamente sobre el crédito y la actividad.

El problema es que durante la primera parte de 2026 aparecieron dos shocks que complicaron el proceso de desinflación. Primero fue la carne, con un impacto directo sobre alimentos. Después llegó el shock energético provocado por el conflicto en Medio Oriente, que se trasladó al precio de los combustibles. Dos factores que hicieron más difícil perforar de manera sostenida el 2% mensual.

En el primer trimestre del 2026, apareció el fuerte aumento de la carne, que impactó principalmente sobre la inflación de alimentos. Entre enero y marzo el rubro “carnes y derivados”(GBA) se disparó un 19,7% . La “inflación de alimentos” fue de 11,7% en ese mismo período (con un incremento de 4,7% para el mes de enero).

Luego, llegó el shock energético, en el trimestre febrero a abril de 2026 el rubro “combustibles y lubricantes” se disparo 21,7% (en abril subió 11,7% contra el mes previo). Los meses siguientes aflojo la dinámica con el “buffer” de precios que implemento YPF.

Frente a ese escenario, la respuesta del BCRA fue mantener una política monetaria muy prudente. Prácticamente todos los pesos que emitió para comprar reservas terminaron siendo nuevamente absorbidos. Una parte, a través de las compras de dólares que realizó el Tesoro al propio Banco Central; otra, mediante licitaciones de deuda en pesos con niveles de roll-over superiores al 100%. En los hechos, el BCRA acumuló reservas, pero esos pesos prácticamente no quedaron circulando en la economía: la esperada remonetización quedó, por ahora, en pausa.

Desde fines de julio apareció una herramienta adicional: un techo implícito para el dólar en torno a los $1.500. El objetivo fue reforzar el ancla cambiaria, acelerar la desinflación de los bienes y conseguir finalmente que la inflación baje un escalón más.

La estrategia, sin embargo, no es gratis. Para sostener esa “muralla” de $1.500, el BCRA comenzó a intervenir con mayor intensidad en el mercado de futuros. Esto se sumó la cobertura cambiaria que ya venía creciendo vía títulos dólar linked y la emisión de bonos duales (que pagan el mayor rendimiento entre la tasa Tamar –grandes depósitos– y el dólar oficial).

Según Portfolio Personal, el nivel de cobertura cambiaria pasó de U$S 3.200 millones de dólares a U$S 12.500 millones entre mayo y agosto de 2026. Es un número muy elevado si consideramos que estamos muy lejos del “año electoral”.

En los últimos días empezó a aparecer el otro costo de reforzar el ancla cambiaria: una mayor volatilidad de las tasas de interés, una dinámica que ya se había visto durante 2025.

Esta claro que si el BCRA y el Tesoro “están dando cobertura” cambiaria, hay demanda de dolarización del sector privado del otro lado. Es decir, el mercado cree que el equilibrio del dólar esta más arriba .Para comprar cobertura el privado termina vendiendo títulos en pesos a tasas fija y esto hacer caer el precio, subiendo el rendimiento.

La pregunta que empieza a instalarse es hasta dónde puede sostenerse simultáneamente un dólar contenido, tasas de interés volátiles y una economía real que necesita recuperar dinamismo.

Mirando los datos de inflación de servicios y bienes, luce más clara la estrategia de desinflación del BCRA. La inflación de servicios (que tuvo el ajuste de tarifas de servicios públicos) promedió 3,2% mensual en los primeros 7 meses del año. Mientras que la inflación de bienes registró un promedio de 2,7% mensual.

El Gobierno sabe que bajar rápidamente la inflación de servicios es bastante más difícil. Tarifas, salarios, alquileres, educación, salud y otros componentes no transables tienen mayor inercia y reaccionan mucho menos al tipo de cambio y a la competencia importada.

De ahí que el BCRA establece un techo al dólar en $1500 para que la inflación de bienes se aproxime al 1% (o se ubique por debajo) y esto permita que la inflación general perfore el “piso” del 2% mensual actual

¿Cuánto margen tiene para mantener el “techo en $1500?

El problema es que el margen para seguir utilizando al tipo de cambio como ancla no es infinito. Si comparamos este nivel de dólar ($1500) con momentos de apreciación en la historia reciente, el promedio de la convertibilidad entre 1997 y 2001 equivaldría hoy a un dólar de aproximadamente $1.342. En noviembre de 2015, antes de la salida del cepo, estaba en el equivalente a $1.328. En diciembre de 2017, antes de que comenzaran las turbulencias cambiarias del gobierno de Mauricio Macri, rondaba los $1.531.

El dato introduce una tensión importante en el programa. El mismo dólar que ayuda a bajar la inflación empieza a convertirse en un desafío para la competitividad. Y eso ocurre en un momento en que la economía real todavía muestra dificultades y las PyMEs enfrentan competencia importada, presión tributaria, elevados costos financieros y una demanda interna que no termina de despegar.

Ahí probablemente esté una de las principales tensiones de los próximos meses: cuánto tiempo puede utilizarse el dólar para terminar de ganar la batalla contra la inflación sin que la apreciación termine trasladando el costo desde los precios hacia la actividad, el empleo y la competitividad.